Mugardos…. ¿por qué deberías de ir?

Buenos días. En esta ocasión vamos a hablar de un sitio un poco alejado físicamente de nuestro queridísimo Agate, pero pegadito a nuestro corazón. Mugardos. Nuestro club hermano, y digo bien, hermano, organizará este año, el próximo 20 de mayo una prueba puntuable para el Open de Enduro de España. Y tienes que ir. Si quieres ahorrarte el resto del texto, te haré un resumen: debes de ir a Mugardos porque es el verdadero paraíso del enduro en la Tierra.
Vaaaaaaale. Está bien, es poco texto, y me pagan por palabras jajajaja. Voy a exponer aquí el porqué pienso esto. Esta historia empezó a finales de 2015, cuando nuestro amigo Fran, gallego de nacimiento pero grancanario de adopción y de corazón (aunque todavía dice vosotros y autobús, se nos resiste el jodío), amigo entre amigos dentro de la grupeta ciciclista en la que me movía, propuso un día de preparar un viaje a su tierra natal para pasar unos días de vacaciones, comer marisco y … coger la bici.
Tras meses de preparativos, nos fuimos para allá además del propio Fran cinco tíos hechos y derechos a ver qué nos tenía preparado nuestro amigo. Bueno, hechos sí, más que sea por edad, pero derechos…… Fermin, Félix, Enrique, Martín y yo mismo pugnábamos por ver quién estaba más cambao de todos. En mi caso concreto arrastré con mi señora y mi hijo de 8 años en aquel entonces. Tuvimos algunas dificultades, ya que no hay en toda la provincia donde alquilar bicis, y nos tuvimos que conformar con unas viejas bicicletas que en la tienda Trek de Coruña nos alquilaron, con la vieja Mérida de Fran, y con una bici que a través de Fran otro amigo del grupo, Cuco, había adquirido en Galicia, un modelo de enduro precisamente.
Yo adelanté la llegada y retrasé la vuelta unos días con el fin de estar más tiempo con mi familia en Galicia, y no sólo estar los días de bici. Y debo de decir que Fran, junto con su pareja Ana, fueron unos anfitriones extraordinarios. La verdad es que la cosa prometía.  Días después, de madrugada (un retraso de Ryan Air tuvo la culpa) llegaron el resto de los muchachos. Así que al día siguiente, viernes ya, madrugamos y fuimos a Coruña a buscar las bicis. La verdad que cogimos tres bicis, por llamarlas de alguna manera, de gama baja o directamente prehistórica. Pero no había vuelta atrás. Ya encima del burro, adelante, ande o no ande. Y aunque nos llevamos la sorpresa de que Fran estaba lesionado y no podía coger la bici, no cesamos en nuestro empeño de coger la bici, y con su navegador GPS, nos lanzamos a la aventura por lo que para nosotros era tierra virgen.
El primer día nos tenía preparada una ruta recuerdo bastante larga. Salimos de Mandiá, llegamos a Doniños (playa que visitamos recurrentemente durante las vacaciones), y llegados a Esmelle, nos adentramos tierra adentro, para perdernos en los tupidos bosques gallegos. Recuerdo que en una avería, tal era el buen rollo entre nosotros, que perdimos como media hora oyendo chistes en el móvil….. ¡hay que estar colgaos!
El segundo día fuimos más al norte todavía. Recorrimos la espectacular zona de Ferrolterra con sus increíbles vistas del mar, un paisaje idílico que nos dejaba lelitos como corderitos. La interminable pista de tierra que recorrimos nos llevó a la playa de Campelo, donde por el increíble calor que estábamos pasando, dimos vuelta y volvimos por el interior. Y digo calor, aún siendo canario, porque estábamos en medio de una insoportable ola de calor como pocos recordaban en la zona. Pero nuestras ganas de conocer aquello nos empujaban a pedalear y a disfrutar, estábamos viviendo una experiencia única en la vida.
Pero lo mejor estaba por llegar. El tercer día, el domingo 17 de julio, día posterior a la festividad de la Virgen del Carmen, nos llevó Fran a un pequeño pueblo que jamás había oído hablar. Mugardos. Pequeñito, pero acogedor, no parecía gran cosa para el MTB. Aún así, y confiando en nuestro amigo, cogimos su navegador y comenzamos a subir una carreterita que decía “Montefaro”.  Fran, que pese a estar lesionado nos acompañó con su coche en todas las rutas, nos dijo que había quedado con gente del club ciclista local, Los Pulpeiros, para que nos enseñaran aquello. Y allí que aparecieron dos, Ramón y Raúl, que portaban unas bicis ya “endureras”, ropa sueltita y cascos integrales. Aquello se ponía interesante.
Estuvimos charlando un buen rato, y nos explicaron un poco cómo tenían montado aquello. Montefaro es, como se desprende de su nombre, un pequeño monte pegado al Faro de Mugardos, en la Ría de Ferrol. Una pista asfaltada nos lleva a lo más alto, pasando por un antiguo monasterio (que merece la pena visitar), donde parten no recuerdo mal, 8 o 9 bajadas. Una pasada. Y todas hechas, elaboradas o como mínimo, con mantenimiento pulpeiro.
Hechas las presentaciones, comenzaba lo bueno. Raúl iba el primero. Y digo iba, porque apenas lo veíamos salir…. ¡como corre el jodío!. Ramón, que se notaba iba retenido por nosotros, nos iba enseñando el trazado. ¡y qué trazado! Dentro de un bosque donde el sol no llega al suelo, disfrutamos de una bajada increíble, con tramos técnicos, rápidos, algún saltito.. Estábamos gozando. Sobre todo el jodío Martín, que después de dos días sufriendo con la bici endurera de Cuco no iba a soltarla ese día precisamente.
Tras esa bajada vinieron dos más. A cuál mejor. Sin intentar seguir el ritmo de Raúl (imposible), disfrutábamos de cada piedrita, de cada trialera, de cada raíz atravesada en el camino…. Un día memorable, quizás, el mejor que he tenido en bici, o como mínimo en el top 3 de mejores experiencias ciclistas de mi vida. Fueron 3 bajadas que nos dejaron con un sabor de boja inigualable. Y sólo 3 porque el calor era infernal. Ni a ca mi suegra en verano he pasado tanto calor. Cualquiera hubiera dicho aquella mañana que el día iba a ser así, que en aquel pueblo tenían ese tesoro que se llama Montefaro.
Entonces entendimos el porqué Fran había dejado Mugardos para el último de los tres días que cogimos la bici. Conociendo el sitio, y conociéndonos a nosotros, sabía que si nos hubiese llevado allí el primer día, no hubieramos querido ir a ningun otro sitio…… ¡ y con razón!
Tras ello fuimos a la sede del club. Descubrimos que el nombre del club era “Club do Mar Pulpeiros”, y lo descubrimos porque en ese momento un grupo de chiquillas traían remando primero y al hombro después una inmensa canoa (disculpen si el nombre no es el correcto, soy profano en nombres de embarcaciones) y la guardaron en la sede del club, donde además tenían una cantina, que visitamos sedientos.  Allí departimos con Ramón e intercambiamos pareceres y experiencias, eso sí, con una Estrella de Galicia en la mano (cayeron unas cuantas). Y forjamos una amistad que a día de hoy perdura. Todo ello en medio de una jornada festiva, como no podría ser de otra manera en un pueblo a la orilla del mar (ría en este caso) el día después de la fiesta de Nuestra Señora del Carmen.
Y digo que el nombre era porque les ha pasado algo parecido a lo que nos pasó en el Tamadaba Biker, que debido a que el ciclismo de montaña está en auge, ha crecido tanto en número de socios y de actividades, que el club se ha escindido de su “nodriza” (en nuestro caso Agaete Run), club que sirvió como trampolín para hoy formar club propio.  ¡Ya no cabemos en el garaje donde hacíamos las reuniones!
Cuando acabamos la tertulia, nos metimos en un restaurante donde nos pegamos una “jartada” increíble, sabiendo ya que ese era el último día que cogíamos la bici, y que un poco nos habíamos ganado ese homenaje. Tras este almuerzo memorable, nos pegamos un baño en las heladas aguas de la ría (heladas para un canario, no perdamos la perspectiva) y regresamos a los apartamentos, mediante un ferry que atraviesa la ría, sabiendo ya que Mugardos formaba parte de nuestro corazón ciclista para siempre.
Un brindis por Mugardos, y en Mugardos
“Qué bonito, mi niño. Ahora dime porqué tendría que ir a Mugardos”
Bueno, por lo que les decía. Porque Montefaro es una montañita con una subida bastante tendida para que se pueda hacer medianamente bien con una bici de enduro.  Porque una misma subida te da acceso a muchísimas bajadas. Porque te va a ser muy muy difícil elegir entre esas bajadas cuál te gusta más. Porque todas las bajadas te llevan a pistas o carreteras donde volver a enlazar con la subida. Porque todas estas bajadas tienen un mantenimiento brutal por parte de los miembros del club pulpeiro, que sabemos se dejan literalmente la piel en su trabajo.  Porque entrenando el recorrido vas a querer echarte fuera del mismo y disfrutar de todas las bajadas que te ofrece Montefaro. Porque si el club organiza eventos la mitad de bien que arregla caminos, la carrera va a estar organizada de manera inmejorable. Porque el entorno natural es precioso. Porque la zona rebosa de restaurantes de calidad donde te puedes pegar un homenaje digno de un rey. Porque te vas a encontrar todo un pueblo volcado con la organización del evento y nada va a salir mal. Porque el que decidió meter a Mugardos dentro del Open de España sabía lo que se hacía. Porque te va a gustar. Seguro. Y te va a gustar tanto que vas a querer volver una y mil veces, como nosotros queremos volver.
Regresando, dejando atrás Mugardos y con Montefaro al fondo

 

El precio de la felicidad.
ADVERTENCIA: A mí me gustó tanto, tal fue la enmoción alcanzada, la privaera que cogí, la euforia que me embargó, la alegría que me inundó, que el fruto de esa enlaera tiene actualmente 11 meses y se llama Darío.  Estás avisado.
Saludos. Nos vemos dando pedales.
Este post se lo dedicamos al amigo Ramón, presidente del Club Pulpeiros Mugardos, que está pasando por una importante lesión que le tiene lejos de todo lo que tenga ruedas, piñonera y manillar. Ánimo amigo, que como decimos en el club “las piedras no se van a mover, van a seguir en su sitio esperándote”.  Un abrazo.

NOTA: Lo publicado es meramente un artículo de opinión del autor. No representa más que un consejo, una opinión, el parecer de una persona, y nunca algo vinculante. El club y sus empresas patrocinadoras no se hacen responsables de las opiniones vertidas por su autor. Es más, no se hacen responsables de que ahora tengas ganas de ir a Mugardos.

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