Mi Fudenas 2014. Episodio 4. Día 2. Antigua-Morro Jable (reeditado)

Con este post llegamos al final del relato, de mi experiencia de cómo fue aquella carrera y sus preparativos. Aunque al final les pongo mi opinión, la que tuve en el momento de escribir este post, quisiera matizarla un poco. No quiero modifcar lo que escribí en aquel momento porque sigo pensando lo mismo, con la excepción de que difícilmente vuelva. Es como el que dice “más nunca” un domingo por la mañana levantándose con resaca y a la semana siguiente vuelve a ir a otro asadero. En el momento de escribir esto pensaba como está al final del post descrito, sin embargo el ver que tantos amigos van para allá año tras año si que ha despertado en mí ganas de repetir. No tanto por el agachar la cabeza y llanear todo para adelante, sino por el ambiente.

Fudenas se ha convertido en la fiesta de la bicicleta. Ya no es una ruta de dos días, o una carrera de maratón de las buenas. No, es una fecha grabada a fuego en el calendario. Es una quedada entre más de 2000 amigachos, compañeros, desconocidos, familiares y algún que otro peleao con el mundo que comparten la pasión por la bicicleta. A mi modo de ver, la gran culpa de todo la tiene la increíble organización que despliega el C.D. Soria 9, englobado dentro del Regimiento de Infantería “Soria” 9, quienes más que organizar una carrera prácticamente despliegan unas maniobras militares. Llegar a un punto de avituallamiento y echarse un rato a beberse un “zumo de pitufo” a la sombra de una tanqueta es muy habitual, o llegar a donde Cristo perdió las aspargatas y encontrarte una ambulancia medicalizada 4×4 por si se ofreciera, o ver como sobrevuela nuestras cabezas un helicóptero militar comprobando a vista de águila (o de Guirre, que estamos en Fuerteventura) que todo va correctamente. La organización es increíble, de verdad. Y el que te traten tan bien, que se preocupen tanto por ti, que velen por tu seguridad es lo que a mi modo de ver ha propiciado el éxito de Fudenas.

Como decía antes, este año sí que me hubiera gustado ir. Pero al tener un pequeño rebenque durmiendo en una cuna pegada a la cama te cambia la vida. Yo que no me acordaba de lo que era esto (mi otro hijo ya tiene 10 años) a principios de año hize planes que el día a día me botó al suelo con una bofetada de cruda realidad. Si es que no se puede estar en misa y repicando. Pero irme a Fuerteventura a pasar tres días con los amigos, echando zumo en las cafeterías y pedaleando sin agobios en la ruta me hubiera gustado. Y más este año, que iría englobado en toda la disciplina del club y que además tengo un buen amigo que está empezando con la bici y le hubiera echo ilusión ir. Pero bueno, pal año. Y es más, a ver si no dejan de hacerla y puedo llevar yo a mi hijo dentro de unos años.

Esta edición por lo que me han  comentado ha tenido variaciones en el recorrido clásico. Por lo visto dicen que han quitado mucho del asfalto del final de ruta haciendo que sea un poco más dura (quien me dijo esto es alguien que va a Artenara a desayunar por Tirma, ojo), y a nivel organizativo han quitado el hasta este año habitual traslado desde Morrojable a Corralejo que se ofrecía otros años, y que yo pude disfrutar en la ocasión que fui, una pena. Pero es ley de la vida, renovarse, adaptarse, y continuar hacia adelante, porque como ciclista, como padre de ciclista, como aficionado al ciclismo y como canario en general, lo que quiero es que siga celebrándose esta prueba por como mínimo otras 12 ediciones más. Miles de deportistas, aficionados, amateur, profesionales o incluso superestrellas se desplazan  diariamente de un lado del globo a otro buscando estas experiencias, y podríamos aprovechar el actual boom que experimenta el deporte en general y el ciclismo en particular. Como prueba de ello puedes preguntar a muchos ciclistas, su sueño es subirse el Montirolo o pasarse un fin de semana en Ainsa. Y si te sales del ciclismo, un surfero te diría de irse a Hawái a coger olas, y un corredor de Trail Running te diría de irse a hacer la Ultra Trail del Mont BlancVivimos en un archipiélago que tiene muchas bondades turísticas, como el clima, la cordialidad y hospitalidad de nuestra gente, infraestructuras y servicios de primer nivel, nuestros senderos rurales, espectaculares parajes y unas playas increíbles, que sinceramente nada tienen que envidiar  a lo que ofrecen los destinos antes mencionados. Debemos de complementar la oferta turística convencional con actividades deportivas como el ciclismo de montaña, regulándolo eso sí, que no prohibiéndolo como toletes que se dejan podrir la fruta en el árbol antes de recolectarla. El árbol frutal lo tenemos, que son nuestros senderos, caminos, pistas y carreteras asfaltadas, lo que no debemos de hacer es poner un cartel que diga prohibido coger las manzanas y dejar que se pudran por falta de riego o de recolección, hay que mantener nuestros caminos y promocionarlos, no prohibir el acceso a ellos. Y como dice Manolo Viera, “al que lo quiera coger, que lo coja”.

A continuación, les dejo con la descripción de aquel dia.

 

Mi Fudenas 2014. Episodio 4. Día 2. Antigua-Morro Jable

Este segundo día sí que lo disfruté. Me olvidé de controles y me dediqué a ir pa lante, que al final es de lo que se trata.

Cuando amaneció, nos levantamos para afrontar el segundo día.  El sueño reparador había hecho milagros, nos levantamos con ánimos renovados. Recogimos los bártulos y llamamos al taxi.


Acabaos de levantar y ya con los pies en alto.


Desperezándonos


Esperando al taxi.

En Antigua desayunamos en el comedor de la organización.  La verdad es que fue un desayuno majo.

 
Desayunando.

En la salida nos confirmaron la asistencia total….. 2400 personas. El tope eran 2000. Como dicen los matemáticos, “o Pitágoras era un hijop… y nos engañó a todos o las cuentas no están bien hechas”. En fin.

Para la salida nos dividimos en dos, pero por teléfono acordamos esperarnos para empezar la marcha juntos.  Se da la salida y nos dejamos ir para que nos alcanzen, cosa que hacen al poco. Lo que más recuerdo de esos momentos fue ver a un niño, porque aquello no tenía los 18 años, corriendo como un loco entre el pelotón de salida buscando ponerse en la cabeza lo antes posible. Y para ello no dudó en subirse a la acera de un brinco y adelantar a más de 50 personas por ahí. Recuerdo que salió una señora de su casa y casi la atropella el chiquillaje este. Sinceramente, si soy yo la señora de un golpe lo boto al suelo. Los que vimos la acción estábamos todos de acuerdo. Fuerte bobalicón. Claro, como para la carrera no tenía la edad se apuntó a la cicloturista pero con tal de “hacer tiempo” le importaba un carajo pasar por encima de quien fuera. Gracias a Dios, no vi al muchacho más, sobre todo de cara a la seguridad. Fuerte peligro el pivito.


El despliegue de medios era asombroso.

La segunda etapa empezó con un larguíiiiiiiiiiiisimo llaneo en el que nos fuimos disgregando. Yo me quedé con Orlando para acompañarlo, ya que el día anterior lo había pasado mal y yo personalmente me sentía culpable por haberlo dejado solo gran parte del recorrido. Además, el control ya no me importaba lo más mínimo y si no llegaba al control este segundo día me iba a dar igual.  Así que bajé dos piñones y fui tranquilito con Orlando intentando disfrutar de la experiencia.

Pasé junto al militar de la moto, y me llamó la atención que tuviera la gopro en la cabeza. El tío me dijo algo, pero no lo oí bien. Menuda sorpresa cuando veo que el tío arranca y se pone a mi vera y me dice “chacho Juan, ¿no me conoces?” “¡Coño! ¡Josué!” un amigo de toda la vida, desde niños, del barrio, del furbo, de …. mil cosas. Hacía tiempo que no lo veía. Y fuimos alegando un ratillo. El con la moto y yo con la bici.

En cada avituallamiento nos íbamos arrejuntando, luego nos despegábamos y volvíamos a reunir en el siguiente.

La ruta en sí era un continuo rodar por pistas de tierras y algo de asfalto. Todo muy bien señalizado y con seguimiento constante de la organización. Chapó.

La carrera pasó por el veril de una playa. Costa Calma, creo que se llamaba aquello, pero no me hagan mucho caso. El tema es que subiendo una cuestilla, me saltaron los cambios. Me arrimo un lado para no molestar al resto (cosa que más de uno debería de aprender a hacer) y descubro que el cable del cambio trasero se había deshilachado, además de que no había engrasado adecuadamente la cadena y si no lo hacía pero ya me cargaría algo de la transmisión. Gracias a Claudio que llevaba encima aceite, aunque José también se ofreció a darme. Nunca más se me ha olvidado hecharle aceite al asunto.

Yo achaco el fallo del cable a los rulos. En toda pista de tierra se forman los rulos, debido al paso continuado de trafico rodado, especialmente al de vehículos pesados. Pero claro, no es lo mismo subir a Amagro y encontrarte 100 metros de rulos que los kilómetros y kilómetros de pistas que recorrimos esos días. Lo raro es que no se desmontaran las bicis.

Una cosa buena que tiene toda cicloturista en general y Fudenas en particular es que es muy sencillo conocer gente y empezar a hablar con ellos por camino. Da igual si era macho o jembra, grande o chico, blanco o negro, 26 o 29, endurero o llanero fudenero….. todos los que estabamos allí compartíamos una pasión en común, la bici. Por tanto puedo decir que hablé con gente que estaban allí por primera vez, con gente que había comprado una bici y la estaban estrenando ese día, con gente que no se habían perdido una sola edición de Fudenas… de todo. Y gracias a ello la verdad es que se pasa mejor el rato.

El segundo día nos dió Lorenzo de duro, pero como el recorrido era mucho más costero y con bastante menos subida se nos hizo más amena la etapa que el primer día.

Esta foto me hizo mucho daño. Saber que mientras uno bebía aguitas y zumos de pitufo desgrasado,

otros podían permitirse una parada en un distribuidor de isotónicas naturales y auténticas…….

Por la misma playa pasó la ruta. Y no 100 metros, kilómetros. Una experiencia bonita, el ir pegao al marisco. Y refrescante, que empezó a dar el calor. Pero llegamos a un tramo de arena. Pie a tierra, digo a la arena. Y a caminar. Aunque se podía habar intentado, no era cuestión de reventarnos.

Aún caminando se puede disfrutar.

 
La Cabra Marrero en Fudenas”, eso es como decir un pingüino en el desierto, fuera de su hábitat. Aún así se sacó esa sonrisa en plena subida.

Después del último avituallamiento era todo asfalto. Yo que iba fresco me puse a tirar y a tirar. Adelanté a medio mundo, algunos iban ya desfondados.  Y nuevamente, igual que el día anterior, me dice un soldado “2 kilómetros”… busco un echaero , a la sombra de una guagua y me pongo a esperar a mis compañeros. Y el medio mundo que había adelantado me adelanta a mí jejejeje

El primero que llegó a mi vera fue Juanvi. Mientras esperábamos muchos se paraban a preguntar si necesitabamos algo y eso se agradece.


Llegando los rezagaos

Después de este punto ya no nos separamos. Tranquilos, sin prisas y charlando. Como en cualquier ruta de las que hacemos cualquier fin de semana.


Los últimos metros son por un largo carril bici.

Entramos a meta todos juntos. ¿el puesto en que quedé? Diré la verdad, quedé en mal puesto, Ezequiel me birló la posición en los últimos metros y me dejó penúltimo…… jamás le perdonaré que no me dejara ser el último en llegar del grupo en Fudenas…. como en todos los lados que voy jejejeje. La posición en la general ni la miré, la verdad. Llegamos todos juntos y llegamos bien. Y con eso me quedo.


Todas las burrillas juniticas.


Foto del grupo, ya con los dipolomas y la satisfacción de haber llegao sanos y salvos.

Nos duchamos en las instalaciones habilitadas para ello y como animalitos brutitos que somos, nos subimos otra vez a las bicis camino al muelle cargaos con todos los bártulos. Allí comimos y terminamos con las pocas reservas de zumos de cebada de la isla.


Como siempre, lo mejor de cualquier ruta es esta parte.

Ya en el barco, seguimos con la tertulia. La mitad del barco iba durmiendo y la otra mitad alegando. Pero el 98% del pasaje del barco eran o ciclistas o familiares de ciclistas que habían acompañado durante el fin de semana. Y aunque no era la alegría del viernes, en el barco se respiraba un ambiente ciclista.


Cansancio, alegría y satisfacción  en las caras.


A la vuelta conocimos a Josele. Más de una vez hemos hecho el cabra por ahí después de ese día.

Yo traje un sabor agridulce de Fuerteventura. Bueno, de Fudenas. Agrio porque me habían vendido que aquello era exageradamente duro, que había que entrenar pa llegar a los cortes, que habían tramos difíciles….. y como he intentado explicar aquello es un paseo. Largo, eso sí, pero un paseo. Lo de duro, me lo tomé tan a pecho que “entrené” demasiado ¡hasta bajé 5 kilos dando rueda por ahí!. Pa ná, que lo digo en serio, cualquiera que se ponga un poco lo acaba. Otra historia es hacer la carrera. Ya ahí no entro porque es diferente y requiere muchos sacrificios. Y lo de difícil….. 10 metros de bajada “complicada”, dos o tres cuestillas y los 200 metros de bancos de arena. Y ojo que no es una crítica, la ruta está diseñada para ser una prueba de resistencia y no de técnica y me parece bien. El problema fue mío, yo iba con la idea de que aquello era la repanocha, como subir el Everest y bajarlo por un camino empedrao y nada de eso.

Y dulce porque fue un fin de semana diferente, con la bici, que es una de mis pasiones, junto con mi familia. El compartir los tres días con estos amigos, mis hermanos casi, fue fantástico. Si hay una cosa que me da magua de no volver es eso, la experiencia con mis colegas todo el fin de semana. Eso sí que mereció la pena.

El éxito de Fudenas es innegable. Este año en apenas 13 horas se acabaron las 2000 plazas habilitadas. En un archipiélago como el nuestro, con una población total de alrededor de dos millones de personas, que 2000 se inscriban en un evento que te implica un desplazamiento en avión o barco además del alojamiento dice mucho. Ir pa´lla es un gastaero de perras. Te lo puedes organizar en plan lujo total quedándote en hoteles y comiendo a cuerpo de rey en restaurantes o ir con lo justo comiendo y durmiendo en el campamento habilitado en Antigua. Da igual, acorde a las posibilidades de cada uno es un desembolso de dinero. Y por ello tiene más mérito el que vaya tanta gente. En otros lares 2000 inscritos no se ven siempre. Pero claro, en la península coges el coche vas y vienes. Aquí…… bueno, digamos que nuestros coches no flotan.

Al que lea esto y se esté planteando ir o no a Fuerteventura lo animo a probar. Es una experiencia que merece ser vivida. Yo difícilmente vuelva, no es mi estilo de ruta, pero no me arrepiento de haber ido. Sí que cambiaría el haberme vuelto loco preparándome para ello, el dejar de ir a la playa con los míos para ponerme a punto para Fudenas, para “pasar el puñetero control de Puerto del Rosario”. Pero no cambiaria por nada las experiencias que viví con mis amigos allá. Gracias Orlando, José Juan, Juanvi, Claudio, Dani y Ezequiel por haberme aguantao esos días.

Enlace a la página web del evento: fudenas.com

Enlace al vídeo de Daniel Acosta con las fotos del grupete Un recuerdo de Fudenas

Enlace al vídeo de Jose Juan grabado durante el evento: https://www.youtube.com/watch?v=WznYxH0qMds

NOTA: Lo publicado es meramente un artículo de opinión del autor. No representa más que un consejo, una opinión, el parecer de una persona, y nunca algo vinculante. El club y sus empresas patrocinadoras no se hacen responsables de las opiniones vertidas por su autor. Tampoco se hacen responsables de que a estas alturas del año te quieras apuntar para ir a la carrera y que estén cerradas las inscripciones, pero si te recomiendan que para el año que viene estés atento y no te quedes fuera.